PM1: el nuevo objetivo para proteger la salud

La calidad del aire ambiente ha mejorado considerablemente en las últimas décadas gracias a una serie de medidas para reducir las emisiones perjudiciales. Sin embargo, hay pruebas convincentes que demuestran que los niveles actuales de contaminación atmosférica suponen un riesgo importante para la salud.

Entre otros organismos especializados, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su papel de defensora de la salud pública internacional, ha sido especialmente elocuente al hablar sobre los peligros de la materia particulada (PM) en informes y declaraciones.

Los esfuerzos de la OMS también se han visto respaldados por publicaciones frecuentes de informes en periódicos, estudios científicos, artículos académicos y advertencias de los gobiernos acerca de los efectos negativos de la mala calidad del aire sobre la salud y las enfermedades que puede provocar o empeorar la contaminación atmosférica. Las pruebas están ahí: pruebe a introducir en Google “contaminación del aire y efectos sobre la salud” y obtendrá millones de resultados al instante.

De modo que, hoy en día, las repercusiones que tiene sobre la salud respirar aire contaminado, en especial en las ciudades con peor calidad del aire del mundo, están bien documentadas. Se estima que la contaminación atmosférica causa varios millones de muertes prematuras al año. También se considera que es uno de los mayores factores de riesgo de muerte en todo el mundo y uno de los principales factores de riesgo ambientales para el desarrollo de enfermedades.

Clases de partículas

Las partículas más habituales en el aire son:

  • PM1: partículas de tamaños <1 μm. Ejemplos: polvo, partículas de combustión*, bacterias y virus.
  • PM2,5: partículas de tamaños <2,5 μm. Ejemplos: polen, esporas y otras partículas orgánicas.
  • PM10: partículas de tamaños <10 μm. Ejemplos: polvo fino más grueso y partículas orgánicas.
  • Gruesas: partículas de 10 μm o mayores. Ejemplos: polvo grueso visible, arena, hojas, cabellos y otras partículas orgánicas de gran tamaño.

La materia particulada (PM) es una mezcla con características físicas y químicas que varían según la ubicación. Su origen puede ser natural o causado por el ser humano. Por lo tanto, la contaminación atmosférica es distinta de un lugar a otro. Por ejemplo, pasar solo un día en las calles de Pekín tendrá el mismo efecto negativo en sus vías respiratorias que pasar 30 días en París. No obstante, hay que tener en cuenta que cada persona reacciona de forma distinta a la mala calidad del aire, en función de su sensibilidad.

Cuando se inhalan, las PM10, las PM2,5 y las PM1 afectan al organismo de formas distintas. Su capacidad para quedar atrapadas en el organismo, donde pueden formar depósitos, depende de su tamaño y de si son capaces de traspasar las paredes de nuestras vías respiratorias.

La importancia de una buena CAI

¿Cómo podemos evitar que las PM invada los espacios interiores, donde pasamos el 90 % de nuestras vidas? Lamentablemente, no podemos escapar totalmente de la contaminación exterior quedándonos dentro de casa porque la función de los sistemas de ventilación es mezclar el aire exterior con el interior.

Si el aire del exterior no se filtra y limpia de forma efectiva, hay riesgo de que el aire interior contenga una gran cantidad de partículas nocivas que penetran en las vías respiratorias y el sistema circulatorio. Estas partículas y otras sustancias se pueden combinar con las ya presentes dentro de los edificios y volverse más agresivas y perjudiciales, lo que hace que la contaminación del aire interior sea mucho más peligrosa que la del exterior.

Sin embargo, con unos filtros de aire de calidad en unidades de tratamiento de aire, se puede evitar que una proporción importante de estas partículas nocivas del exterior se disemine por el sistema de ventilación. Así, en ciudades contaminadas como Londres, París, Los Ángeles, Pekín o Nueva Delhi, se puede mejorar la calidad deficiente del aire interior hasta que alcance un nivel aceptable, tan solo con el sistema de ventilación.

Si además se instala un purificador de aire portátil en las habitaciones, se puede obtener un alto nivel constante de calidad del aire, incluso si la cantidad de partículas y otras sustancias en el aire exterior varía considerablemente.

PM1, las partículas más perjudiciales

En la actualidad, la OMS y la UE están monitorizando las partículas PM2,5 y PM10 y notificando sus efectos negativos sobre la salud, así como su capacidad de penetrar en los pulmones y provocar morbilidad y enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Sin embargo, si se quiere proporcionar un entorno interior verdaderamente saludable y productivo en zonas muy contaminadas, los sistemas de ventilación necesitan filtros capaces de eliminar las partículas PM1: la fracción más pequeña y más dañina.

Nuestros pulmones son presa de las PM1. Cuando se inhalan, las partículas PM1 alcanzan las zonas más profundas de los pulmones, donde buena parte de ellas pasan a través de las membranas celulares de los alvéolos (los millones de saquitos que hay en los pulmones, donde se intercambian el O2 y el CO2), entran en el torrente sanguíneo, dañan las paredes interiores de las arterias, penetran en los tejidos del sistema cardiovascular y pueden llegar a los órganos.

En el peor de los casos, las PM1 pueden contribuir al desarrollo de dolencias mortales como ataques al corazón, cáncer de pulmón, demencia, enfisema, edema y otras enfermedades graves que conllevan la muerte prematura.

La filtración de PM en la actualidad

Los filtros son las bestias de carga de los sistemas de ventilación, y los filtros F7 actuales presentan varios niveles de eficiencia a la hora de capturar las PM1 (normalmente, entre el 50 y el 75 %).

Dado que los filtros son determinantes para la calidad del aire interior (CAI), cada vez es más importante elegir el filtro y la eficiencia adecuados para la materia particulada que se quiere eliminar. Hoy en día, eso no es tarea fácil debido a que los estándares regionales actuales aplican pruebas y métodos de clasificación diferentes a los filtros, lo que dificulta la comparación de productos. También se sabe que los estándares actuales tienen limitaciones y generan resultados que a veces difieren bastante del rendimiento real del filtro.

Ahora hay filtros disponibles que cumplen las exigencias más estrictas de eliminación de las PM1, como los productos de Camfil Opakfil ES, Hi-Flo XLT7 y Hi-Flo M7.

Además de seleccionar la eficiencia correcta, hay otras características del producto que es importante tener en cuenta, como una vida útil larga, una caída de presión baja y un bajo consumo de energía. Además de por su alta eficiencia, los filtros de Camfil se consideran “héroes energéticos” porque ahorran muchos kilovatios-hora de electricidad; un hecho documentado en miles de casos de clientes. Cuando los propietarios de edificios adquieren filtros de calidad como los de Camfil para lograr una buena CAI, también se benefician del coste total de propiedad mínimo de su solución de filtración.

Su sucursal o representante de Camfil más cercano le aconsejarán encantados sobre los filtros adecuados para su edificio y ubicación. Para una filtración del aire interior añadida en entornos urbanos contaminados, Camfil también ofrece avanzados purificadores de aire para habitaciones con filtración de partículas y molecular. Estos últimos se emplean cada vez más en oficinas y establecimientos comerciales de grandes ciudades internacionales con problemas de contaminación atmosférica.

* Las emisiones de los motores diésel se consideran su fuente principal y la OMS las clasificó como carcinogénicas en 2012.